NRC AR#001

TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE

CAMIONERO

Todo lo sólido se desvanece en el aire es un hito, un punto de no retorno, en la ruta de Camionero, el dúo de rock valvular que integran Joan Manuel Pardo y Santiago Luis. Es que este disco, el segundo que hicieron de larga duración —además de los tres EPs que lanzaron después de formarse en 2017—, vino acompañado de un claro crecimiento: pasaron a tocar en salas más grandes, extendieron sus giras por el conurbano, montaron su propio ciclo y replantearon su vida diaria para darle prioridad a la banda. Fue su consolidación, sin dudas, pero también su arma de impacto, con la que agitaron la escena local.

Lanzado a fines de 2023, Todo lo sólido se desvanece en el aire merecía una edición en vinilo. El álbum condensa la esencia musical del power dúo: una fórmula superadora del retro rock, a base de guitarras que celebran el fuzz y baterías que invitan al trance. Las melodías, de a ratos, invocan al rock nacional de fines de los 60 y principio de los 70, con rastros de blues suburbano y psicodelia rioplatense. La producción, a cargo de Dylan Lerner, sella un testimonio de peso, donde la crudeza legitima el sonido y donde el rigor invita a tocar al filo.

El disco se grabó en un momento de evolución y desequilibrio para Camionero. Y vio la luz en un contexto general de crisis económica y cambios sociales. Sus canciones, de alguna manera, atraparon ese espíritu de época. Y su título se volvió premonitorio. Todo lo sólido se desvanece en el aire les permitió revalidar su accionar independiente, con un motor de tracción a sangre y el apoyo de una audiencia real, a contracorriente de los algoritmos y las métricas virtuales. Una trinchera de rock’n’roll en tiempos de autotune e inteligencia artificial. Un bastión de lo colectivo y lo artesanal en la era del sálvese quien pueda.

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LISTA DE CANCIONES

Todo lo sólido se desvanece en el aire, de Camionero, es el primer lanzamiento de NRC Argentina

De título premonitorio, este disco captura un momento único: el punto de no retorno de un power dúo que reaviva el rock nacional. 

Hay algo especial, sin dudas significativo, en la elección de Todo lo sólido se desvanece en el aire para dar inicio a la aventura de Noize Record Club en Argentina. Porque no es un álbum más: es el registro manifiesto de una banda en un momento clave, decisivo, de crecimiento, aunque también de desequilibrio. Una banda que, con su motor de tracción a sangre, logró agitar la escena local, para volver a mostrarla corpórea y real, enérgica y pasional, convincente y autogestiva. Esa banda, claro, es Camionero, el dúo de rock valvular y de impronta proletaria que Joan Manuel Pardo (guitarra y voz) y Santiago Luis (batería y coros) formaron en 2017. 

A este disco, el segundo de la banda, lanzado a fines de 2023, lo anteceden Club Camionero (2021) y tres EPs (lanzados entre 2018 y 2019). Y lo sucede Pruebas de contacto (2026). Todos tienen lo suyo, sin dudas, pero probablemente ninguno merecía tanto una edición en vinilo como Todo lo sólido se desvanece en el aire. El álbum condensa la esencia musical del power dúo: una fórmula superadora del retro rock, a base de guitarras que celebran el fuzz y baterías que invitan al trance. Las melodías invocan al rock argentino fundacional, el de los 70, con rastros de blues suburbano y psicodelia rioplatense. La producción, a cargo de Dylan Lerner, sella un testimonio de peso, donde la crudeza legitima el sonido y donde el rigor invita a tocar al filo.

Todo lo sólido se desvanece en el aire es un punto de inflexión, de no retorno, en la ruta que transita Camionero. Una encrucijada en la que Joni y Santi tuvieron que replantear sus prioridades. Poco después, pasaron a tocar en salas más grandes, a extender sus giras por el conurbano y a montar su propio ciclo de conciertos. El título —una frase de Marx y Engels que, casi dos siglos después, se reactualiza— quedó asociado a esa etapa del dúo, pero también a un contexto general de crisis económica y cambios sociales.

“El título se volvió un poco premonitorio. En ese momento dejamos de trabajar con la manager que teníamos y volvimos a hacer todo por nuestra cuenta”, dice Santi. “Estaban pasando un montón de cosas… De hecho, al poco tiempo de la salida del disco, cambiamos de presidente”, ironiza Joni, como introducción a su relato: “Fue un momento en que empezamos a tocar muy seguido, a un ritmo que nunca habíamos tenido. La banda empezó a ocupar otro lugar en nuestras vidas y tuvimos que tomar decisiones. Fue todo un movimiento, por la vida que cada uno tenía. Ahí, en medio de ese quilombo nuestro, sumado a la situación del país, grabamos Todo lo sólido se desvanece en el aire. Creemos que parte del ‘éxito’ de este disco reside en que sus canciones parecen haber atrapado ese momento, ese espíritu de época”.

Todo lo sólido se desvanece en el aire se volvió un acto de resistencia. Una trinchera de rock’n’roll en tiempos de autotune e inteligencia artificial. Un impulso para enfervorizar a las nuevas generaciones. Un fundamento para revalidar el accionar de la independencia. Un móvil para despabilar a una escena que parecía haber caído en las trampas de los algoritmos y las métricas virtuales. Un bastión de lo colectivo y lo artesanal en la era del sálvese quien pueda.

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